Historia de la ropa quirúrgica

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En siglos pasados, a pesar de que muchos cirujanos conocían la teoría de los gérmenes, realizaban intervenciones quirúrgicas con delantales manchados de sangre y con ropa de calle debajo, hasta que en la segunda mitad del siglo XIX, junto con el inicio de las técnicas asépticas y estériles, surgió como complemento de estas prácticas, un tipo de vestimenta para quirófano.

 

En 1879, Joseph Lister estableció los principios de la antisepsia y asepsia. En este año también comenzaron a aplicarse algunas recomendaciones que las enfermeras debían seguir en los procedimientos quirúrgicos, como ducharse antes de cada intervención, llevar prendas de manga larga y un delantal limpio. Aún se sigue recomendando el uso de mangas largas para los anestesistas y enfermeros circulantes, para protegerlos del contacto con líquidos corporales y reducir la difusión de microorganismos.

 

En 1883, el cirujano alemán Gustav Neuber recomendó el uso de dentales. Por otro lado, los gorros y batas estériles se utilizaron por primera vez en Alemania, cuando los principios de la anestesia quirúrgica propuestos por Lister todavía eran motivo de debate. En algunas salas de operación se usaban trajes de lana, los cuales eran portadores de bacterias y causantes de infecciones.

En 1887, Johann Von Mikulicz, un cirujano polaco, recomendó el uso de guantes de algodón. En ese mismo año, ya existía la esterilización por vapor (desde 1886), sin embargo, la falta de impermeabilidad hizo que dejara de utilizarse.

 

En 1890, se popularizó el uso de guantes quirúrgicos, cuando William Stewart Halsted, (gran cirujano alemán cuyas técnicas aún se utilizan), mandó a hacer a Goodyear, guantes de goma para su enfermera, con quien más adelante contraería matrimonio.

En 1897, William Stewart Halsted (1852-1922), diseñó una mesa semicircular que lo mantenía separado de los observadores, quienes vestían delantales y guantes estériles. Antes de esto, se mantenían al lado del cirujano sin delantal ni ropa especial. Mientras tanto, Mikulicz, un cirujano rumano que demostró la teoría de la infección por gotas, luchaba por el uso de las mascarillas de gasa. Sin embargo, fueron obligatorias hasta 1926, cuando se comprobó que en las heridas infectadas, se encontraban los mismos microorganismos que había en las narices y gargantas de los cirujanos y de las enfermeras.

 

En 1900, se generalizó el concepto de que el cabello atraía y transmitía bacterias, por lo que se comenzaron a utilizar turbantes o gorros tipo ducha, los cuales se siguieron usando hasta hace pocos años.

En 1913, Charles Mayo y su equipo fueron fotografiados usando delantal, gorro y mascarilla.

En 1926, se hizo obligatorio el uso de la mascarilla.

Entre 1930 y 1940 se comenzó a crear una vestimenta que incluía pantalones y blusas, para sustituir a los uniformes que se llevaban debajo de los delantales estériles.

Desde 1950, se obligó al personal médico a que se cambiara el calzado para las intervenciones, ya que se pensaba que este llevaba microorganismos hacia el recinto quirúrgico.

En 1958, se introdujeron los guantes de látex desechables, los cuales fueron una innovación muy bien recibida, pues permitieron ahorrar innumerables horas diarias de procesado, reparación y esterilización de guantes.

 

Historia de la ropa quirúrgica de un solo uso

Durante la Segunda Guerra Mundial, se notó que muchas muertes y complicaciones de la salud en soldados, eran causadas por las infecciones de heridas que ocurrían antes o durante la atención médica, ya que por las condiciones precarias de las unidades médicas adaptadas en los campos de batalla, no se contaba con la asepsia apropiada. 

 

Para entonces, había un total convencimiento de que la ropa quirúrgica era fundamental para evitar infecciones cruzadas in situ, así que un empresario se ofreció a llevar bultos y prendas quirúrgicas a todas las unidades médicas de los campos de batalla. Sin embargo, se percataron que usar ropa reusable era muy costoso, que no garantizaba una barrera eficaz ni una profilaxis adecuada y que además, la logística era muy complicada, ya que por cada prenda que se utilizaba, se requería que otras se encontrarán en el proceso de lavado, secado y habilitación.

 

Debido a esto, una empresa sueca propuso la utilización de prendas pre empacadas y desinfectadas DE UN SOLO USO, basando su propuesta en los principios del pañuelo desechable Kleenex inventado por Kimberly Clark durante la década de los 20. Esto permitió demostrar contundentemente las ventajas de la ropa quirúrgica de un solo uso sobre la reusable, logrando que se utilizará desde entonces en la mayoría de los países europeos.

En 1950, cuando las normas de seguridad se hicieron más estrictas, se exigió que el personal médico se cambiara los zapatos al entrar al quirófano y que sólo los utilizara mientras se encontrara en la sala.

En la postguerra, durante la reconstrucción de los países, se implementó la política de ESPECIALIZACIÓN “zapatero a tus zapatos”, ya que como parte de la reorganización con recursos muy limitados, era necesario explotar al máximo las escasas capacidades individuales, empresariales, económicas y estructurales (por ejemplo, un hospital está para atender pacientes NO PARA LAVAR ROPA). Así se aprovechan mucho mejor los espacios y recursos, además de asegurar una proveeduría especializada y oportuna.

Aún cuando Estados Unidos de Norteamérica ya era un país desarrollado, tardó más de 20 años en adoptar la ropa quirúrgica de un solo uso. Durante los años 80, cuando se terminó de comprobar fehacientemente sus contundentes ventajas sobre las prendas reusables, se implementó su uso con el objetivo de evitar infecciones quirúrgicas.

En aquel entonces, la ropa de quirófano, ayudó a reducir el número de partículas provenientes de la descamación normal de la piel; de 10 mil a 3 mil partículas por minuto y de 50 mil a 500 microorganismos por metro cúbico aproximadamente.

En 1960, Procter & Gamble sorprendió a América con su propuesta altamente sustentada de la conveniencia de lo desechable sobre lo reusable mediante su línea de pañales desechables, la cual se basaba en los principios de la ropa quirúrgica de un solo uso que ya era utilizada en Europa y Asia.

En los años 60, Kimberly Clark, siguiendo los pasos de Europa, lanza la tela Kaycel para batas quirúrgicas, la cual se usaba en hospitales de campaña durante la Guerra de Corea. Sin embargo, las telas plásticas no fueron del todo bien aceptadas por los usuarios debido a lo calurosas que eran y a su difícil maleabilidad al ser resbaladizas y no ergonómicas.

Las primeras telas no tejidas que se utilizaron para ropa quirúrgica, (al igual que el algodón), eran ABSORBENTES, pues se elaboraban de celulosa. Lo cual NO cumplía con la verdadera finalidad de la ropa quirúrgica que es: crear una barrera eficaz contra patógenos.

Sin embargo, al no existir materiales que brindaran una barrera de repelencia y respirabilidad, se aceptó el uso de materiales absorbentes, con los cuales, se pretendía crear la barrera mediante la utilización de varias capas, a pesar de que esto siempre fue una práctica de alto riesgo, ya que hasta la más mínima presencia de humedad (imperceptible por el tacto o por el ojo humano) puede ser un perfecto conducto para microorganismos patógenos.

 

Durante los años 70, Dupont Neumors and Co., desarrolló una extraordinaria tela no tejida específica para uso quirúrgico, ya que a través de mezclar la celulosa con fibras de poliéster mediante un proceso de entrelazado hidráulico, lograba una mayor resistencia y maleabilidad. Además, a esta tela se le añadió lo que podríamos decir que fue la 1ª generación de aditivos nanotecnológicos mediante fluorocarburos, brindándole propiedades de repelencia.

Esta innovadora tela no tejida fue utilizada a finales de los 70 por la CIA Mölnlycke (líder en Europa), y más adelante también fue adoptada por Johnson & Johnson y por Baxter para sus líneas de ropa quirúrgica estéril de un solo uso, Barrier y Convertors / Allegiance.

Por otra parte, durante los años 70, Kimberly Clark lanzó al mercado su línea de pañales desechables, obteniendo una gran fortaleza en la obtención de telas no tejidas de polipropileno, razón por la cual, a principios de los 80, amenazaba con su propuesta de utilizar estas telas en ropa quirúrgica, disminuyendo el costo aún cuando estas no eran las idóneas para uso quirúrgico.

De esta manera, a finales de los 80 y hasta finales de los 90, se sostuvo (solo en Norteamérica) una batalla de marketing entre estas empresas. Aún cuando Barrier® (Johnson & Johnson) y Convertors / Allegiance (Baxter) se sostuvieron como líderes en este mercado, terminaron por ceder ante la fuerte presión de precios bajos que ejercía la propuesta de Kimberly Clark. 

 

En 1999, Baxter vende Allegiance a Cardinal Health, quién dispuesto a recuperar y obtener el liderazgo en el mercado de la ropa quirúrgica de un solo uso, decide cambiar la tela de los productos Convertors por una tela SMS que compitiera en precio con Kimberly Clark, aún cuando esto implicaba ir en contra de los principios de la ropa quirúrgica que Baxter y J&J difundieron durante casi dos décadas, como la protección / confort, la esterilización y el empaque.

 

Por su parte, en el 2001, J&J vende su marca Barrier® a Mölnlycke Health Care, quién decide mantener los principios de la ropa quirúrgica concentrándose únicamente en Europa, Asia y Oceanía.

De esta manera el mercado y el uso de la ropa quirúrgica, se corrompió por precio, olvidando que la protección de la salud es un derecho.

Es muy importante destacar que las telas de 100% polipropileno tienen una esterilización y empaque INAPROPIADO para prendas textiles de acuerdo a el tratado de Montreal y de muchos acuerdos donde se subraya que el ETO (gas óxido de etileno) NO se debe utilizar en textiles porque este puede ser cancerígeno. Por otra parte, los empaques requeridos para aplicar este gas no garantizan la esterilidad del contenido si no se siguen al pie de la letra las especificaciones de manipulación y traslado (como el control de temperatura, etc.).

Por su parte, la empresa mexicana Hindernis de México, con el apoyo de Dupont, decidió mantener el principio ideal de la ropa quirúrgica aún en contra de la presión de costos que ejercía la mercadotecnia de Kimberly Clark y Cardinal. Para poderse mantener en el mercado, Hindernis recurrió a la exhaustiva investigación y desarrollo de materiales 100% apropiados para uso quirúrgico que pudieran competir en costo sin sacrificar el REAL DEBER SER de la ropa quirúrgica de protección.

A principios del 2000, Hindernis logró que múltiples hospitales e instituciones de salud considerarán el uso de ropa de protección de un solo uso; entre ellas el ISSSTE quien logró una disminución de costos de hasta un 40% en su presupuesto de ropa quirúrgica, evitando también estancias prolongadas por complicaciones post operatorias y el uso excesivo de antibióticos.

Esta nueva perspectiva para México y Latinoamérica, desató la aparición de innumerables pseudo fabricantes y marcas de ropa quirúrgica desechable, que lejos de contribuir al desarrollo de la protección de la salud, distorsionaron el mercado al ofrecer prendas inapropiadas a bajo costo, las cuales brindaban la única ventaja de ser desechables, por lo que esta práctica se consideró como un lujo innecesario e incómodo para los usuarios, formando así una nueva resistencia al cambio.

Mientras Hindernis luchaba por concientizar al mercado en cuanto a la utilización de ropa quirúrgica de verdadera protección, Kimberly Clark se vio expuesto a múltiples demandas por no proporcionar las barreras de protección ofrecidas y requeridas. 

Durante el 2013 y 2014, Kimberly Clark se desprendió de su marca, posicionando ahora Halyard como medida de protección de imagen corporativa, hasta que en el 2017 esta fue adquirida por la empresa Owens & Minor.

Por otra parte, desde el 2016 hasta el 2020, Hindernis arrebató drásticamente la participación de Convertors en el mercado latinoamericano al crear productos de excelencia para uso quirúrgico a precios competitivos y con mayor valor agregado.

A finales del 2019, surgió el Covid-19, trayendo consigo “la Nueva Normalidad”, la cual no es más que la plena conciencia de que existen agentes patógenos mortales o altamente agresivos, los cuales, a pesar de ser imperceptibles, no resultan inexistentes. Por esta razón, la humanidad y en específico, los profesionales de la salud y las instituciones médicas, deben tomar medidas precautorias, así como se determinó el uso obligado de prendas de protección personal.

Lo anterior originó un tremendo y drástico desabasto mundial de cubrebocas y Prendas de Protección Personal (PPP). China, quien era proveedor de por lo menos el 70% de estos insumos para Norteamérica, restringió drásticamente el abasto a todo el mundo, generando oportunidades para prácticamente cualquiera que decidiera fabricar estos productos. Lamentablemente, esta situación no fue bien aprovechada y se incurrió en innumerables fraudes a clientes potenciales como Estados Unidos y Europa, razón por la que se reestablecieron nuevos estándares y requisitos en la ropa de protección.

Esta situación favoreció totalmente a Hindernis de México, pues siempre se mantuvo dentro de sus principios de ética y del deber ser de la ropa de protección, ya que desde hace más de 20 años, cuando se fundó, tuvo el firme propósito de crear y brindar una verdadera barrera de protección, por esta razón, decidió emplear sus fortalezas en la investigación y desarrollo de nuevos materiales propios para “la Nueva Normalidad” y no solamente en la fabricación de productos, aún cuando esto representó grandes pérdidas en ventas de oportunidad.

Gracias a esa decisión, hoy por hoy, en Hindernis a través de nuestra nueva marca Baümer®, contamos con los mejores materiales para prendas de verdadera protección contra patógenos, ya que incorpora años de experiencia con la más avanzada nanotecnología de quinta generación, implementando los nuevos estándares internacionales en ropa de protección y postulándose como la 1ª opción 100% confiable para el mercado mundial.

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